“…corro velozmente hacia la próxima cubierta, espero un par de segundos, tomo un profundo respiro, y sigo corriendo hasta llegar al edificio principal, me adentro sigilosamente, al parecer cuenta con dos accesos, el este y el del oeste, la oscuridad de la noche provoca que tenga que agudizar mi oido, escucho y espero, reviso mi arma, escucho y espero, oigo ruidos fuera del edificio, son pisadas, decido inspeccionar el acceso este, al mirar hacia el exterior diviso a dos enemigos, al parecer no se han percatado de mi presencia, sin embargo, se acercan hacia mi posición, no tengo línea de disparo, los objetivos están bien cubiertos, apunto hacia el muro que protege a uno de los enemigos y jalo el gatillo, la distracción me debe comprar algo de tiempo, vuelvo sobre mis pasos silenciosamente y me encamino presuroso hacia el acceso oeste, una vez ahí, me pongo pecho tierra y me asomo hacia el exterior, veo a uno de mis enemigos viendo hacia el lado este del edificio, de donde provino el disparo, él mira atento y no encuentra nada, yo espero paciente a que salga de cubierto, apoyo el arma contra mi hombro, apunto y espero, tengo medio cuerpo al descubierto, pero la oscuridad me protege, soy una sombra, el enemigo aún no se mueve, apunto y espero, al no observar movimiento alguno, el enemigo decide avanzar un poco y justo ahí, desproteje su cuerpo, entonces, tiro del gatillo una, dos, tres ocasiones.. súbitamente el enemigo cae de rodillas para luego sucumbir herido de muerte, uno menos, recargo mi arma, busco al segundo enemigo, lo he perdido.. escucho y espero, escucho y espero, no hay ruido alguno que me dicte su posible ubicación, al cabo de unos minutos, decido salir del edificio, el resplandor de la luna me roba mi sigilo, soy blanco fácil.. oigo disparos, siento disparos, corro a la cubierta más próxima y me arrodillo, hay sangre en mi pierna derecha, nada grave, la bala parece haber rozado mi piel, solo es un rasguño, puedo ver como mi sicario se mueve hacia mí, disparo para protegerme, él hace lo mismo, repentinamente, dejo de oir los impactos de bala en su cubierta, me repliego y checo mi arma, las municiones se han terminado, soy hombre muerto, mi enemigo avanza hasta tenerme a merced, yo corro a buscar refugio con rapidez, sin embargo, no soy lo suficientemente rápido, siento calor en mi brazo, luego en mi hombro, por último en mi espalda.. el enemigo me ha dañado, el daño es fulminante, caigo al suelo, no siento más mi cuerpo, moribundo observo como una granada de humo nubla mi visión, seguido del humo, observo fuego, el fuego arrasa con sus alrededores y no parece ceder, cuando de repente ‘el guero’ grita: “se está quemando algo”, entra al campo de batalla corriendo para apagarlo, yo me levanto, tomo mi marcadora, la volteo y comienzo a disparar al fuego con el aire que emana del tanque de oxígeno que tiene conectado.. el fuego es controlado, entonces salimos todos del campo, platicamos sobre lo sucedido y nos preparamos para la siguiente ronda… “
Pues así fue una de las tantas rondas del Gotcha (Paintball) que nos aventamos este fin de semana en La Huasteca, todo esto en honor del cumpleaños del Henry. Una excelente mezcla de adrenalina, dolor y emoción, casi ininterrumpidas (alcohol y comida) por 5 horas, con equipos desde 10 a 3 elementos.
Para los amantes de la guerra, las armas, y las emociones fuertes, es algo que no deben dejar pasar. La neta yo cada vez que juego me divierto bastante y siempre quedo con ganas de volver, eso a pesar de los moretones, raspones, dolores post-guerra que deja esta peculiar forma de diversión.
Aquí les dejo un collage de fotos del evento cortesía de Edel.

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